Los símbolos sagrados

escudos
Se define a un símbolo como una representación sensorialmente perceptible de una idea o de una realidad. Nosotros, los gimnasistas, tenemos muchos símbolos que nos identifican, que son parte de nosotros y que hacen a nuestra identidad. El lobo, el tripero, la remera blanca con la franja azul marino, el escudo, el bosque, son todos símbolos que nos representan y que nos identifican a nosotros y a nuestro querido Gimnasia. Y quienes llevamos al club en la sangre, que sufrimos y gozamos con él, que alentamos, que lo sentimos correr por nuestras venas, tenemos el deber de defender aquellos símbolos de los ultrajes a los que muchos los han sometidos. Porque nuestros símbolos son únicos, pero más aún, son sagrados; y una difamación de aquellos es una herejía que no podemos dejar pasar. Y más aún si los responsables de semejante violación son -o al menos dicen ser- hinchas de Gimnasia.
Nuestro escudo es el principal símbolo del club. Aquel que con orgullo portamos en el pecho o en el corazón cuando nos ponemos una azul y blanca. Una corona con un yelmo y una cimera, una sable y un florete, una rama de laureles a cada lado del yelmo y en el centro del mismo, el monograma del club: CGE. A pesar de la claridad conceptual, y hace no mucho en el tiempo, hubo gente que puso en el escudo las siglas GELP ¡Hasta en una platea las pusieron! Y hoy en día es común ver como muchos reproducen el escudo con esa nefasta sigla -o la utilizan para referirse al club-. Eso es una ofensa, eso es un ultraje a los símbolos del club. Hoy el error está parcialmente enmendado, nuevamente el escudo volvió a ser CGE. Pero el daño ya se ha hecho. Es nuestra obligación respetar y hacer respetar el escudo.

Jardines del estadio
Poco más de dos años fueron los que estuvimos viviendo en casa ajena, exiliados, fuera de nuestro lugar: el bosque. Nuestro querido Juan C. Zerillo es un símbolo de nosotros y parte de nuestra identidad. 76 años de historia tiene y no podemos permitir que nos saquen porque estamos intrínsecamente ligados a él. Nos llevaron y nos quieren llevar a jugar al “Estadio Único” en nombre del progreso y la comodidad, aunque sacrifiquemos sentimiento. Pero el fútbol está más ligado al sentimiento que al progreso y la comodidad. Sin el sentimiento el fútbol no sería el fenómeno mundial que es. Solo el amor del hincha a los colores hacen algo del fútbol, y sin ellos, el fútbol no sería nada. El bosque es parte de nuestra historia. Es en ese verde césped donde mi abuelo vio el fútbol de José María Minella y gritó los goles de “pancho” Varallo y el “torito” Naón; es en verde césped donde mi viejo veía atajar al “loco” Gatti, donde gritaba los goles del “tano” Onnis y donde vio dar clases a Della Savia, “el maestro cordobés”. Y es en ese mismo estadio, es donde yo vi al “Beto” Marcico desplegar su magia o ver las figuras que dibujaba la zurda del “pepe” Albornoz. Y en ese verde césped, todos gritamos los goles de Niell el invierno pasado. Ese es nuestro estadio y no otro. Ese nos representa, porque “no hay lobo sin bosque”, porque ahí las pasamos todas. De las buenas -siendo locales ahí conseguimos dos títulos (1929 y la centenario) y seis subtitulos (1924, 1995, 1996, 1998, 2002 y 2005)- y de las malas, como los descensos. Pero también ahí conseguimos los ascensos.
Refulgente blanco es atravesado por una franja azul marino que como el cauce del río cruza de lado a lado. Esos son los colores insignias de nuestra institución. Esos colores son los de la ropa que deben portar quienes nos representen en el campo. Sin embargo, hoy parece que ya no somos más los albiazules. Hoy un color se coló por entre los colores tradicionales y se afirmó en el centro de la camiseta. El río azul marino se contaminó, la casaca se manchó. Hoy uno ve la remera y resalta más el amarillo que los colores que nos son propio. El azul y blanco son los nuestros, el amarillo no. Ese amarillo nos contamina, parece más la casaca de Boca Juniors que la nuestra. Encima con una franja grande ¿será tan difícil respetar lo tradicional? Franja chiquita azul marino que de la vuelta entera, resto de la camiseta blanca. Lo demás es capitalismo puro. Y como propuesta personal: alguna vez hagan un modelo con el escudo antiguo y bien grande.
Voy a cerrar estas líneas con las palabras de un ex presidente tripero, Laureano Durán: “… Gimnasia es el último mito de la ciudad, es periferia y es barrio y el sagrado estadio del bosque es y será nuestra única casa: nací en él y en él me voy a morir…”



